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Las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas reflejan una realidad compleja en el departamento de Rocha. De las 61.400 personas en edad de trabajar, 34.300 tienen empleo, pero más de 1 de cada 3 lo hace en la informalidad: sin aportes, sin derechos, sin cobertura social. El drama laboral no es solo el desempleo, sino la precariedad silenciosa que afecta al 31% de los trabajadores ocupados señalan los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondientes al trimestre móvil marzo–mayo de 2025.
El trabajo en Rocha es una paradoja. Aunque las cifras oficiales muestran una población mayoritariamente activa, los números esconden una verdad menos luminosa: el trabajo existe, pero muchas veces es precario, informal y carente de derechos.
Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondientes al trimestre móvil marzo–mayo de 2025, el departamento de Rocha presenta una tasa de actividad del 60,7% y una tasa de empleo del 55,8%, mientras que el desempleo alcanza el 8%. Traducido en personas: de las 61.4 mil personas estimadas en edad de trabajar, unas 37.300 están activas, 34.300 tienen empleo y 3.000 están desempleadas.
Pero el verdadero foco del drama laboral no está en ese 8% que busca y no encuentra, sino en el 31% de los ocupados que trabajan sin estar registrados en la seguridad social, es decir, más de 1 de cada 3 trabajadores de Rocha está fuera del sistema formal. No aportan, no generan derechos jubilatorios, no tienen cobertura de salud, no tienen amparo legal. Son los trabajadores invisibles de una economía que gira, pero no incluye.
El precio del trabajo informal
Lejos del relato del pleno empleo, Rocha arrastra una herencia estructural de informalidad laboral que no ha podido ser revertida ni con crecimiento turístico ni con políticas sociales puntuales. En los comercios, en el campo, en la construcción y en el servicio doméstico, la informalidad es casi una regla tácita. Se cobra en mano, no hay recibo, no hay descanso pago. Y en muchos casos, tampoco voz.
La informalidad no es una elección. Es una forma de exclusión. Porque los trabajadores informales son los primeros en ser despedidos, los últimos en ser reconocidos y los que más tardan en reincorporarse cuando la economía repunta.
Un dato, un síntoma
El INE aclara que utiliza medias móviles para suavizar las oscilaciones de las cifras mensuales. Eso significa que los números actuales son promedios de los últimos tres meses. Y aún así, son preocupantes. Porque no hay tendencia a la baja en el desempleo, ni señales de mejora en el empleo formal. Y si el dato más estable que ofrece Rocha es el 31% de trabajadores sin derechos, entonces estamos ante un síntoma crónico, no ante una coyuntura.
¿Y ahora qué?
Los gobiernos locales han apostado por el turismo y la obra pública como motores del empleo, y en parte lo han conseguido. Pero sin una estrategia clara de formalización, capacitación y diversificación productiva, Rocha seguirá exportando fuerza de trabajo a otros departamentos y países, o alimentando su propia rueda de precariedad.
Porque la dignidad del trabajo no se mide solo en la cantidad de ocupados, sino en cómo viven y trabajan quienes están ocupados. Y en Rocha, muchos trabajan. Pero no todos tienen un trabajo.
ROCHAALDIA.COM




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