Viernes, 30 de enero
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El otro uniforme: salud mental para policías y sus familias, la silenciosa batalla que libra el Ministerio del Interior

Escribe Robert Santurio

El Ministerio del Interior impulsa una política clave para el cuidado emocional de sus funcionarios y familias. A través del Departamento de Salud Mental del Hospital Policial, se realizan talleres en todo el país que abordan temas como estrés, ansiedad, consumo problemático, violencia doméstica y suicidio. El director del área, Dr. Enrique Smerdiner, confirmó que en 2024 se dictaron más de 400 talleres, y que este año se apunta a superar esa cifra. “No solo cuidamos al policía, sino a su entorno, que también puede detectar señales y colaborar en su bienestar”, afirmó.

La salud mental ya es la principal causa de certificaciones laborales en Uruguay. Por eso, estos espacios buscan prevenir, sensibilizar y derribar mitos, como el temor a perder el arma por asistir a una consulta.

El objetivo: que los policías trabajen mejor, con menos carga emocional, y con una red de apoyo real.

En un país donde la palabra “seguridad” suele limitarse a patrullas, cámaras y códigos penales, el Ministerio del Interior apuesta por una dimensión muchas veces ignorada, pero esencial: la salud mental de quienes velan por la seguridad de todos. Desde Montevideo hasta el último destacamento rural, más de 400 talleres se realizaron el año pasado para funcionarios policiales y sus familias, en una política silenciosa pero profunda que busca prevenir, contener y acompañar.

Los talleres, organizados por el Departamento de Salud Mental del Hospital Policial, abordan temas tan cotidianos como ineludibles: depresión, ansiedad, estrés, insomnio, consumo problemático de sustancias, violencia doméstica y suicidio. No son charlas al pasar. Son espacios de escucha, intercambio y formación emocional para quienes, por su labor, suelen cargar con el peso de la angustia ajena y pocas veces reciben atención propia.

“Promovemos y alertamos sobre síntomas que las personas pueden estar padeciendo sin identificarlos como un trastorno”, explicó el Dr. Enrique Smerdiner, director del Departamento, quien señaló que la meta este año es mantener o incluso superar la cifra de talleres realizados en 2024.

La apuesta no es menor. Los problemas de salud mental son la principal causa de certificaciones laborales en Uruguay. El Ministerio del Interior no escapa a esa realidad. En una estructura tan expuesta a la violencia y al estrés, la prevención dejó de ser un lujo para convertirse en necesidad urgente.

Romper mitos, construir confianza

Uno de los grandes desafíos, según Smerdiner, es derribar prejuicios. Persisten aún temores infundados entre policías que asocian asistir a una consulta psicológica con perder el arma reglamentaria o ser separados de la función.

“Es un mito pensar que venir a una consulta implica automáticamente el retiro del arma. Esa medida solo se toma en casos de riesgo claro y como cuidado, no como castigo”, aclaró.

Por eso, la participación de la familia es central. La esposa, el hermano, un hijo o la pareja pueden ser claves en detectar cambios de conducta, alertar a tiempo, contener. En este sentido, los talleres se presentan como una estrategia integral: no solo curar, también prevenir.

Testimonios desde el terreno

El Suboficial Mayor Edgardo González, de la Unidad de Respuesta Policial de Canelones, sintetiza el valor práctico del programa:

“Nos ayudan a entender mejor la problemática, nos brindan herramientas para poder ayudar a nuestros compañeros. Intercambiamos con las psicólogas y sabemos adónde acudir si detectamos un problema”.

Su voz refleja una necesidad real: crear comunidades policiales más humanas, más empáticas, donde el bienestar emocional se entienda como una parte esencial del desempeño profesional y no como una debilidad a ocultar.

Una política que cuida a los que cuidan

Esta política institucional no busca titulares ni fotos. Es una respuesta concreta a un fenómeno que afecta silenciosamente a quienes sostienen el aparato de seguridad nacional. Cuidar al policía no es solo reforzar su equipo, es también mirarlo como ser humano.

Mientras la opinión pública se enfoca en estadísticas delictivas, en reformas legislativas o en el despliegue de patrullas, en el fondo del sistema algo empieza a cambiar: la salud emocional del policía deja de ser un tema tabú y empieza a ocupar el lugar que merece.

En una época donde los uniformes se desgastan no solo por el tiempo, sino por la presión, el Ministerio del Interior da una señal: el cuidado empieza por dentro.

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