Cuando todo parecía perdido: la reacción espontánea que salvó a un niño en La Paloma
Cada 26 de mayo, Uruguay no solo recuerda el nacimiento de su Biblioteca Nacional. También reafirma, en silencio o en voz alta, su vínculo con los libros: esos objetos que, desde hace siglos, nos enseñan, nos transforman y —a veces— nos salvan.
El Día Nacional del Libro no es una simple efeméride en el calendario cultural del país. Es una invitación a detenerse, aunque sea por un momento, a pensar en lo que significa leer. En un mundo vertiginoso, donde el tiempo parece escurrirse entre pantallas, el acto de abrir un libro y sumergirse en él sigue siendo un gesto de resistencia y humanidad.
Una biblioteca para el pueblo
Corría el año 1815 cuando Dámaso Antonio Larrañaga propuso la creación de una biblioteca pública. No lo hizo por vanidad intelectual, sino con la convicción de que el conocimiento debía estar al alcance de todos. La idea fue respaldada por José Gervasio Artigas y el 26 de mayo de 1816 se inauguró la Biblioteca Nacional, la primera institución pública de su tipo en el país, en pleno corazón del fuerte de Montevideo —lo que hoy es la plaza Zabala.
Desde entonces, cada 26 de mayo es también una celebración de ese legado. Un recordatorio de que el acceso a la lectura no debe ser un privilegio, sino un derecho.
Identidad y palabra
Los libros no son solo contenedores de información. Son también vehículos de identidad. A través de nuestras autoras y autores —de Juana de Ibarbourou a Mario Benedetti, de Idea Vilariño a Tomás de Mattos— hemos construido una forma particular de mirar el mundo. Y de narrarnos.
Celebrar el Día del Libro es también reconocer esas voces que nos han contado y nos siguen contando: desde las páginas de un poema hasta las aventuras de la literatura infantil, pasando por las crónicas, las novelas, los ensayos.
El desafío de leer en tiempos digitales
Hoy, más que nunca, fomentar la lectura es una tarea que involucra a la familia, a la escuela, al Estado y a toda la comunidad. Se trata de acercar el libro a las nuevas generaciones, no como una obligación, sino como una posibilidad. Como un puente hacia otros mundos y otras preguntas.
Porque leer no solo enseña a escribir mejor. Leer enseña a pensar, a imaginar, a ponerse en el lugar del otro.
ROCHAALDIA.COM




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