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En el marco del Día Interamericano del Número Único de Emergencia, el Centro de Comando Unificado pidió a la ciudadanía hacer un uso responsable del 9-1-1. El servicio recibe entre 3.500 y 4.500 llamados por día en todo el país, lo que representa hasta 145.000 comunicaciones mensuales. Cada llamada activa un sistema que involucra a operadores, despachadores y personal en territorio, coordinando Policía, Bomberos y SAME 105. Desde el CCU advierten que cuando la línea se utiliza sin que exista una emergencia real, se puede retrasar la atención de un caso urgente. El llamado es claro: usar el 9-1-1 con responsabilidad también puede salvar vidas.

El teléfono suena entre 3.500 y 4.500 veces por día. Detrás de cada llamada al 9-1-1 hay una urgencia —o al menos la percepción de ella— y un engranaje que se activa en segundos. Pero no todas son emergencias reales. Y ese dato preocupa.

En el marco del Día Interamericano del Número Único de Emergencia 9-1-1, conmemorado por la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Dirección General del Centro de Comando Unificado (CCU) hizo un llamado explícito a la ciudadanía: utilizar la línea con responsabilidad.

“El 9-1-1 recibe mensualmente entre 135.000 y 145.000 llamados, dependiendo del mes del año”, explicó el subdirector del CCU, comisario mayor Fernando Maneiro. El sistema funciona las 24 horas mediante cuatro turnos de seis horas, con un centenar de funcionarios que intervienen directa o indirectamente en cada comunicación, desde la recepción hasta el despacho en territorio.

La estructura descansa sobre tres pilares operativos: la actuación policial, la Dirección Nacional de Bomberos y los servicios médicos —SAME 105—. Pero antes de que cualquiera de esos actores intervenga, ocurre algo clave: el triage telefónico.

“En segundos, el operador evalúa el tipo de emergencia y define qué respuesta requiere. Esa clasificación inicial es determinante para que la asistencia sea específica y eficaz”, señaló Maneiro.

 

La presión es constante. Los telefonistas no solo atienden urgencias médicas, siniestros o hechos delictivos; también reciben llamados erróneos, consultas que no corresponden a la línea o comunicaciones que no revisten carácter urgente. Cada minuto ocupado en un llamado innecesario puede retrasar la atención de una emergencia real.

Por eso el CCU insiste en un punto central: cuando una línea está ocupada sin justificación, otra llamada legítima puede quedar en espera.

El impacto no es solo operativo. También es humano. El trabajo emocional que implica atender situaciones críticas de forma permanente obligó a reforzar el acompañamiento interno. Según detalló Maneiro, el Área de Salud Mental del Hospital Policial realiza talleres semanales y evaluaciones continuas para asistir a los operadores, reducir el estrés acumulado y garantizar condiciones adecuadas de desempeño.

“La línea debe utilizarse de forma responsable. Si no es una emergencia real, estamos impidiendo que ingrese un llamado que sí lo necesita”, advirtió el jerarca.

 

El 9-1-1 no es únicamente un número. Es una red de coordinación que conecta a cientos de funcionarios y moviliza recursos en todo el territorio nacional en cuestión de minutos. Su eficacia depende tanto de la tecnología como del uso consciente de quienes lo marcan.

En materia de emergencias, la responsabilidad ciudadana también salva tiempo. Y, a veces, el tiempo es lo único que separa la asistencia del desenlace.

 

Autor: ROCHAALDIA.COM