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La sanidad animal es hoy una preocupación global y Uruguay no está al margen de ese desafío.
Autoridades y especialistas coinciden en que la detección temprana y un sistema veterinario bien articulado siguen siendo la principal defensa frente a enfermedades como la fiebre aftosa.
Aunque el país mantiene un estatus sanitario sólido, la experiencia internacional demuestra que ningún sistema es infalible y que la rapidez en la respuesta es determinante. Desde los servicios ganaderos se remarca que la prevención no es un logro del pasado, sino una tarea permanente que involucra al Estado, a los veterinarios y a los productores.

 

En un mundo marcado por la aceleración del comercio, la movilidad permanente y la fragilidad de los equilibrios sanitarios, la sanidad animal volvió a ocupar un lugar central en la agenda global. Ningún país está completamente a salvo. Y Uruguay, aun con un estatus sanitario sólido, no escapa a esa realidad.

La diferencia está en cómo se enfrenta el riesgo. Desde hace años, el país sostiene un sistema sanitario que no descansa en la improvisación, sino en una arquitectura construida sobre vacunación sistemática, vigilancia constante y una capacidad de respuesta que se activa con rapidez. Ese entramado —sostenido por el Estado, los productores y una red profesional veterinaria con fuerte presencia territorial— explica buena parte de la fortaleza sanitaria uruguaya.

Dentro de ese esquema, la fiebre aftosa ocupa un lugar singular. No por su presencia actual, sino por su peso histórico y por las consecuencias que un eventual brote tendría sobre la producción y, sobre todo, sobre la inserción internacional del país. Aunque América del Sur mantiene hoy un estatus ampliamente favorable —con la excepción de Venezuela—, los recientes episodios registrados en países europeos libres de la enfermedad funcionan como recordatorio: ningún estatus es definitivo.

“La fiebre aftosa se le gana con rapidez”, resume el director de Servicios Ganaderos, Marcelo Rodríguez. No es una consigna, es una definición técnica. En sanidad animal, el tiempo es un factor crítico. La detección temprana de una sospecha permite activar protocolos, aislar focos y reducir impactos que, de otro modo, pueden escalar con rapidez y generar consecuencias sanitarias, productivas y comerciales de gran magnitud.

La historia reciente del continente es elocuente. Los grandes brotes de aftosa en las Américas no solo dejaron pérdidas millonarias, sino que obligaron a repensar el rol del Estado, a profesionalizar los servicios veterinarios y a invertir de forma sostenida en recursos humanos, infraestructura y sistemas de vigilancia. Ese aprendizaje explica por qué hoy la enfermedad está erradicada en la mayoría de los países de la región, aunque el riesgo nunca haya desaparecido del todo.

La Organización Mundial de Sanidad Animal es clara en este punto: los países libres de fiebre aftosa deben mantener —y fortalecer— sus sistemas de prevención para evitar la reintroducción del virus. En ese marco, el concepto de “servicios veterinarios” trasciende largamente la acción estatal. Incluye a productores, laboratorios y, de manera decisiva, a los veterinarios y veterinarias de libre ejercicio, que constituyen la primera línea de observación en el territorio.

En Uruguay, esa corresponsabilidad es una de las claves del sistema. La cercanía de los profesionales con los establecimientos productivos, su conocimiento del terreno y su vínculo fluido con las autoridades sanitarias permiten que una señal de alerta no quede atrapada en la burocracia ni llegue tarde.

Cuando ese engranaje funciona —y funciona bien—, la contención es rápida y el daño se limita. En materia de fiebre aftosa, la diferencia entre una sospecha detectada a tiempo y un brote descontrolado no se mide solo en términos sanitarios, sino también en credibilidad internacional.

Hablar hoy de fiebre aftosa no es hablar de alarma. Es hablar de prevención, de sistemas que deben mantenerse activos y de una responsabilidad compartida. La experiencia regional y global es clara: a esta enfermedad no se le gana con silencio ni con confianza ciega, sino con información, preparación y rapidez.

Autor: ROCHAALDIA.COM