El temporal golpea Cebollatí y expone la fragilidad del interior productivo
Cebollatí todavía cruje bajo el recuerdo del granizo. Techos perforados, vidrios astillados, chapas retorcidas. Pero el daño no se mide solo en materiales: también se mide en hectáreas devastadas y en cuentas que ya no cierran.
El diputado por Rocha Gabriel Tinaglini recorrió este viernes la localidad, una de las más castigadas por el temporal del miércoles a la noche, para tomar contacto directo con las familias afectadas y participar en la reunión del CECOED, que trabaja en la evaluación de daños y en la coordinación de respuestas.
“Vinimos a ver la situación en territorio. Era importante que el CECOED estuviera presente para contar con las herramientas necesarias y apoyar a la Junta Local en el reacondicionamiento de viviendas y espacios públicos”, señaló el legislador a Rochaaldia.com.
La escena, según pudo constatar este medio, se repite en distintos puntos del pueblo: techos viejos de dolmenit perforados por el granizo, voladuras parciales y múltiples roturas de vidrios. Algunas casas estaban vacías al momento del impacto; otras no tuvieron esa fortuna. En esos casos, la Junta Local y el Sistema Nacional de Emergencia comenzaron a distribuir materiales de primera necesidad.
Tinaglini llegó acompañado por el representante regional del Ministerio de Vivienda, que quedó a disposición para realizar relevamientos técnicos —arquitectónicos y sociales— y eventualmente canalizar apoyos para la compra de materiales. El cuello de botella, sin embargo, no es solo financiero. “La Junta cuenta con muy poco recurso humano. Se necesita apoyo para acelerar las reparaciones”, advirtió el diputado.
El otro frente: el arroz
Si en el casco urbano el daño es visible, en el campo es silencioso pero más profundo. Las primeras estimaciones hablan de entre 4.500 y 5.000 hectáreas de arroz arrasadas solo en Rocha. En Cebollatí, algunos productores perdieron hasta 170 hectáreas en una sola explotación.
Néstor Santos, secretario regional de la Asociación de Cultivadores de Arroz, cifró las pérdidas iniciales en al menos cinco millones de dólares, con posibilidad de duplicarse cuando concluyan las evaluaciones. “Hubo productores que perdieron todo y quedaron en la calle”, afirmó. A la tormenta se suma otro factor adverso: la caída de los precios internacionales del cereal, que amenaza con dejar balances en rojo incluso antes de contabilizar el impacto climático.
El 10 de marzo, cuando se realice en la zona el lanzamiento de la cosecha arrocera con la presencia del ministro de Ganadería, el tema estará inevitablemente sobre la mesa. La interrogante ahora es si los seguros responderán y en qué medida. Experiencias anteriores dejaron cicatrices también en ese frente.
Emergencia y estructura
La recorrida dejó una fotografía clara: la vulnerabilidad del interior productivo no es solo meteorológica. Es también estructural. Viviendas envejecidas, escaso personal para emergencias locales y un sector agropecuario expuesto a la volatilidad del clima y de los mercados.
Tinaglini aseguró que tanto desde la Diputación como desde el Ministerio de Vivienda se mantendrán en coordinación con las autoridades locales para acelerar soluciones. Pero el desafío excede la urgencia inmediata. Cebollatí enfrenta ahora la tarea doble de reconstruir techos y recomponer su principal motor económico.
El temporal pasó en minutos. Sus consecuencias, en cambio, apenas comienzan a medirse.
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