Sueños de trenes: pura belleza existencial en la candidata al Oscar que se coló sin hacer ruido
Siempre hay una película (relativamente) pequeña, que pasa (relativamente) desapercibida, que ostenta ese rótulo de independiente que en ocasiones es difícil de decodificar, que llega desde el semillero del Festival de Sundance sin demasiada alharaca, y que se mete en los premios Oscar. Una, dos, tres nominaciones, pero lo logra: sin barreras y con entusiasmo. La de este año se llama Sueños de trenes (Train dreams) y tiene dos o tres peculiaridades: no se vio en el cine porque la distribuye Netflix en su plataforma —allí se puede ver actualmente—, y sí, es una película pequeña, pero al mismo tiempo es gigantesca.
Sueños de trenes está dirigida por Clint Bentley y se basa en una nouvelle del mismo nombre del estadounidense Dennis Johnson. El texto es uno de los grandes títulos del autor de Árbol de humo, y el guion de la película hace una buena adaptación de la cadencia bella y existencial que tiene la prosa de Johnson. Él escribe como si sus palabras acompañaran el crecimiento de los árboles milenarios de los bosques más densos de su país, o como si su ritmo se moldeara a partir del curso de los riachuelos salvajes en los que se bañan sus personajes.
Sueños de trenes tiene como protagonista al leñador Robert Grainer, interpretado por el actor Joel Edgerton —que quedó afuera de la nominación a mejor actor porque la categoría esta temporada está fuertísima; en cualquier caso, este debe ser su mejor trabajo—. Estamos a fines del siglo XIX, la industria maderera está en auge y los bosques de Norteamérica caen bajo el hacha del progreso desbocado. Los hombres encargados de hacerlo, hombres entre los que está Grainer, no piensan demasiado en eso. Trabajan, ven pasar los días y los meses entre esos troncos gigantescos, hacen guisos, se cuentan relatos sobre sus tierras de origen, cargan kilos y kilos y kilos de leña, luego vuelven a casa a descansar de la faena hasta que toque volver. Estos hombres ven y viven cosas: injusticias, miserias, momentos de camaradería, epifanías, silencios eternos, músculos agarrotados, el brazo largo de la muerte que a veces los toca de cerca y les recuerda la finitud que los rodea. Entre ellos fluye la vida, que es corta y muy larga al mismo tiempo.
Sueños de trenes (2)En ese esquema, Grainer es un hombre de pocas palabras, barba tupida y metas cortas: vivir lo mejor posible y luego, cuando conoce a Gladys (Felicity Jones) y se casa con ella y tienen una hija, dar lo mejor de sí para, a la vez, darles la mejor vida campesina decimonónica que tengan a la mano. Y después nada más. Morirse tranquilo, de viejo, durmiendo, con la panza llena.
El destino será poco amable con el pobre Grainer, aunque en el viaje de su vida habrá de todo un poco: penas y alegrías perennes, la melancolía de un mundo que fue y que no podrá recuperar, la ilusión por el porvenir, nuevos rostros, nuevas formas de entender el mundo, un detalle microscópico que cambia perspectivas, revelaciones trascendentales que transforman su interior.
Embed - Train Dreams | Official Trailer | NetflixSin estridencias, manejando sus limitaciones de forma admirable —costó apenas 10 millones de dólares, un presupuesto tirando a austero para los números que se manejan hoy— y con un corazón tan grande como la rama que mata al genial personaje de William H. Macy antes de que la película llegue al minuto 40, Sueños de trenes parece un pequeño milagro de paciencia, contemplación y belleza gestada en el seno de una industria que pide aceleración, intensidad y serialidad. Es raro verla en Netflix, su hábitat natural parece ser la pantalla grande —envuelta en la fotografía del brasileño Adolpho Veloso y la música de Bryce Dessner, más aún—, en la plataforma se siente desubicada, pero es lo que tocó: Netflix pagó por ella buscando colarse en la temporada de premios y lo logró.
Está nominada al Oscar a mejor película, mejor guion adaptado, mejor fotografía y mejor canción original, una hermosa balada compuesta por Nick Cave que se escucha junto a los créditos y que también se titula Train dreams. La canción, además, hace la pregunta fundamental que traviesa la película y que determina el camino de Grainer hasta el final de sus días: ¿cómo queremos medir esta única vida que nos dieron?
El espacio que me conecta donde estoy ahora
con el lugar donde algún día estaré
se mide en las palabras que decimos.
Y las cosas extrañas y maravillosas que he visto
se miden en verdad, se miden en amor,
se miden en relación al dolor.
Lo mide una niña en un campo de flores
que grita: "Soñé con un tren de medianoche"
Y esto ha estado sucediendo durante años, años.
Y años y años y años y años y años y años y años
Y no puedo ni siquiera empezar a decirte cómo se siente.
Embed - “Train Dreams” by Nick Cave & Bryce Dessner | Official Music Video | Netflix
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